LA FIGURA

Ella bajó las escaleras con lentitud. Frente a ella estaba una figura oscura, al pie de la escalera, extendiendo su mano hacía ella como si la invitará a bailar una pieza. Se cansó de sus pies, tan imprecisos y torpes,y conteniendo el aire en sus pulmones imaginó que se inflaba y se dejó caer. Ella sabía que no estaba volando, y por eso no se imagino que tenía alas. Simplemente, cayó. Y quién sabe que hubiera sucedido al caer de una escalera eterna si la figura no la hubiera sostenido.
Ella no sabía si la figura sonreía o lloraba, y eso era lo que le gustaba; nunca podía ver sus sentimientos a través de sus expresiones (sin rostro, no había nada que ver), por lo cual había aprendido a leer sus actos. Y los actos, como tan segura estaba de ello, nunca mienten. Amaba esa historia sin palabras que poseían. En ese mundo tan ruidoso, el silencio que la figura le brindaba era como un milagro que pocos comprenderían.
Ella sabía que era extraño. La figura la abrazaba, y por segundos, podía verse rodeada de oscuridad. Y cuando ese pensamiento cruzó su mente por primera vez, la figura se alejo y echo a correr. Ella la vio ir, y permaneció de pie con los brazos aún extendidos. La oscuridad no se aleja. Entonces su figura no era realmente oscuridad. Pero cuando la siguió, su figura ya no estaba.
Lua.
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