APRENDER, COMO PRÁCTICA ETERNA

No hay placer tan significativo como el de aprender. Y hablo de aprender lo que sea, desde tocar un instrumento a un idioma, un dato interesante que nos dio un libro o un nuevo paso de baila. Adquirir conocimientos de lo que nos da curiosidad y nos apasiona es una de las sensaciones más satisfactorias del mundo, y por eso vengo a hablar de la importancia de nunca perder esas ganas de aprender, mas allá de los años o del tiempo que tengamos.

¿De que podemos aprender? Cuando el tiempo es escaso, las personas que tenemos alrededor son nuestra fuente más confiable para aprender, porque toda persona carga con sus propios saberes y es de ellos que tenemos que rodearnos y hacer nuestro su conocimiento, al mismo tiempo que uno comparte lo que sabe. Es increíble la cantidad de cosas que te puede enseñar alguien nuevo que entra a tu vida.

Por otro lado, los libros. Dos capítulos, un párrafo, en libro entero: algo aprenderán en lo que lean. Porque como las personas, los libros son fuentes inagotables de conocimientos. En ellos está explayado todo lo que la persona que lo escribió pensó, sintió, o aprendió alguna vez en su vida. Y eso lo es todo.

Hay mucho más; aprender del cine, las series, pero por sobretodo, las propia experiencias. No hay nada más importante para aprender que vivir.

Por eso mi consejo es que vivan, y llenen su vida de conocimientos.

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